A la universidad pública la defendemos con el corazón

Violeta Gamarra y Camilo Rodriguez de Cándido (*)

Las acciones en defensa de la educación pública, laica, gratuita y de calidad, como también la movilización social que ha provocado el sistemático ataque a las universidades públicas por parte del gobierno nacional de Javier Milei nos demuestra, una vez más, que el tema de la “educación” es una cuestión de preocupación y sensibilización colectiva.

Y esto no debería sorprendernos. La universidad ha sido la trinchera para la resistencia de un sistema excluyente: formando cuadros políticos para la construcción de futuros mejores; siendo la que permanece y acompaña cuando el Estado se retira de su rol de garante del bienestar social; también, es la que posibilita el desarrollo del país en cuanto a la ciencia y tecnologías; y promueve la movilidad social ascendente de distintos sectores de nuestra sociedad. Así, la universidad transforma y se transforma con los territorios que habita y que la habitan y, con eso, produce saberes colectivos desde y para la población.

Aun así, sabemos que es necesario realizar algunas revisiones sobre el sistema de educación superior. Volver a trazar horizontes comunes de transformación con la sociedad en su conjunto, empaparnos de los debates y de las agendas que la coyuntura exige para seguir aportando a la resolución de las problemáticas sociales que atañen a nuestros pueblos. Como también, seguir fortaleciendo estrategias institucionales, solidarias y colectivas para que la universidad se pinte de pueblo (y no sea solo una utopía).

Entre los desafíos que tuvo la universidad, la reconversión de las modalidades respecto al desarrollo de sus actividades en medio de una crisis mundial es uno de los más recientes. Nos referimos precisamente al periodo de aislamiento social, preventivo y obligatorio ocasionado por la pandemia de COVID-19. Repensar creativamente, y con gran compromiso por parte de toda su comunidad, el dictado de clases e instancias evaluativas, la administración y gestión institucional y su forma de gobierno fue un gran desafío. Resaltando, además, que la pandemia no nos encontró con una estabilidad económica ni en un momento óptimo para las estructuras del Estado en general, y para el sistema universitario y el de ciencia y tecnología en particular. Aun así, también nos desafió a pensar ese presente en clave de futuro. Pensando que de esa crisis “salíamos mejores”; para luego encontrarnos con una sociedad individualizada, enojada, cansada…

Hoy el contexto está caldeando un momento que trasciende y a la vez atraviesa a las formaciones disciplinares para algunxs, pero en particular, para gran parte de la comunidad de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). La preocupación por nuestro futuro, el de nuestrxs compañerxs y el del país mismo, ha conseguido conformar una asignatura nueva en nuestras carreras: la formación política. Que trae aparejada con ella el desarrollo de capacidades de comprensión, involucramiento y acción en defensa de lo propio, lo de todxs. Estxs futurxs profesionales, que hoy se están formando para salir a disputar lo público, prometen grandes oportunidades para construir futuros deseados, ampliando los horizontes, mirando la lucha de manera intersectorial con los movimientos sociales, los distintos gremios de trabajadores, las luchas que convergen para seguir exigiendo condiciones de vida dignas, porque la universidad pública no puede existir sin la justicia social.

(*) Integrantes de la organización estudiantil Tinkunaco – La Bisagra.

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